El portero del Ercilla.Tour de El silencio de tu nombre XV (Bilbao)
Cada
vez me siento más cómodo en el ajetreo de la promoción, pero no porque me vaya
acostumbrando. Es por el frío. Da gusto salir a la calle con un abrigo y una
bufanda. Aunque a veces ha refrescado por la mañana, en Barcelona, Sevilla,
Málaga, Córdoba, Granada, Valencia y Murcia he pasado calor. Y a mí el calor me
agobia, me atonta, me deja sin fuerzas. Sin embargo el frío me activa, me
entran ganas de pasear por la ciudad donde esté desde muy temprano. A Tomás, el
portero con uniforme de almirante del hotel Ercilla tampoco parece preocuparle
el frío. Le queda un mes para jubilarse, y no sé si por eso se muestra siempre
tan contento o es que siempre ha sido así. Por lo que la gente lo aprecia,
estoy seguro de que lo segundo.
Txema
me recoge por la mañana y empezamos la peregrinación por estudios de radio y un
programa de televisión que vamos a grabar en un restaurante. Entre medias quedamos
con algún fotógrafo rezagado que tiene que retratarme para su periódico. Nunca
me acostumbro a las sesiones de fotos en plena calle. Te apoyas en una pared o
en una farola o te sientas en un escalón y sigues las indicaciones del
fotógrafo mientras te apunta con la cámara y la gente pasa por tu lado
procurando no estorbar y preguntándose si tu cara debería sonarle.
Luego volvemos al hotel porque
también tienen que hacerme unas fotos y hemos quedado con un periodista para
una entrevista. Después de comer también tenemos que visitar algún estudio de
radio, y por la noche, aunque estoy agotado, no puedo dejar de pasear un largo
rato por la ciudad, en silencio: desde el hotel Ercilla hasta la plaza Moyúa,
seguir hasta el Guggenheim, cruzar el puente y girar a la derecha buscando la
ciudad vieja. Por la tarde he entrado en una librería y he comprado De qué hablo cuando hablo de correr, de
Haruki Murakami. Me he dejado en Sevilla los libros que tenía preparados para
el viaje, y me aterra la idea de estar sin nada que leer. Pero cuando vuelvo al
hotel estoy tan cansado que no puedo mantener los ojos abiertos.
© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2012

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