Ensayos de Paul Auster
De Paul Auster sólo había leído
un par de libros: La trilogía de Nueva
York y La noche del oráculo. Los
leí con agrado, pero si sólo han sido dos no puede decirse que yo forme parte
de la legión de admiradores del escritor neoyorquino. No hace mucho compré la
hermosa edición que ha publicado Booket de sus ensayos (me gustan mucho las
ediciones de bolsillo bien cuidadas, con muchas páginas y letra digna, con el
peso suficiente para sentirte acompañado cuando te quedas dormido con el libro abierto
sobre el pecho), donde están incluidas obras suyas tan conocidas como A salto de mata o La invención de la soledad. Alguna vez he leído que cuando escriben
ficción los novelistas cuentan (contamos) su (nuestra) vida mediante unas claves
más o menos ocultas (escribir ficción es hacer streap tease al revés, dijo Vargas Llosa: comienzas desnudo para
luego seguir tapándote), pero cuando escriben su biografía suelen mentir. Si
hacemos caso a esta teoría, resulta complicado saber si lo que muchas veces
cuenta Paul Auster de su vida en estos ensayos sucedió en realidad (las
coincidencias, el azar como motor de la vida, tan recurrente en su obra y en su
propia existencia, parece) o es el resultado de trufar la imaginación con las
vivencias. Pero da lo mismo: sus ensayos son una lección de vida y de Literatura
al mismo tiempo. Y es que, después de todo, para un escritor así es como
funcionan las cosas: lo que te pasa cada día, la gente que conoces, tu forma de
ver el mundo, lo que lees, lo que te cuentan, lo que ves en las películas o lo
que sueñas, lo que vives, vaya, acaba salpicando lo que escribes.
Ah, por cierto: me ha gustado
enterarme de que Paul Auster también escribe a mano, y con pluma, sus borradores…
© Andrés Pérez Domínguez, marzo
de 2014



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