Desmemoria saludable
No sé si los elefantes tienen mucha memoria o tener memoria
de elefante es una frase hecha que no se ajusta a la realidad. Pero mis amigos
siempre me han dicho que mi memoria es como la de un elefante. Es cierto que tengo
una gran facilidad para recordar datos, nombres o fechas, y no me cuesta más que
un par de minutos encontrar el párrafo que busco en un libro que leí hace
veinte años. En realidad, no le doy importancia porque supongo que a mucha
gente le pasa lo mismo que a mí o seguro que gozan de una mayor capacidad. Y,
aparte de facilitarme el trabajo, no le encuentro demasiadas aplicaciones
prácticas además de entrener a los amigos como si estuvieran asistiendo a un
truco de magia. La cuestión es que gozar de buena memoria resulta demasiadas
veces un lastre antes que una ventaja porque el olvido es un mecanismo muy
saludable para la vida.
El otro día cenaba con unos amigos y estábamos comentando
sobre una novela corta que escribí hace doce años y ellos habían leído hace
poco. Suelo recordar casi cada párrafo de todos los libros que he escrito, pero
de éste, por alguna razón que ahora no me apetece explicar, desde hace mucho lo
tengo arrinconado en la memoria, sin pensar en él, incluso sin ser consciente
de haberlo escrito. Se reían mis amigos porque le estaban contando una novela a
su autor. Me hablaban con entusiasmo de cosas que estaban en el libro y yo no me acordaba , como si no lo hubiera escrito, incluso como si no lo hubiera leído.
Pero qué agradable resulta a veces darte cuenta de que también eres capaz de olvidar,
aunque no te resulte sencillo, aunque no sea más que un espejismo.
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012


Comentarios
Yo, que en ese aspecto soy tu antítesis, tengo la pena de no recordar todas las cosas dulces que me ocurren pero también de olvidar las amargas, y esto es una ventaja que la mayoría tenemos sobre ti, que no nos atormentan los malos recuerdos, pero claro, probablemente por esto no nos atrevemos a adentrarnos en el dificilísimo mundo de la creación, y es que construir un laberinto tan entramado es sólo fruto de una mente privilegiada como la tuya mezclada con sensibilidad y arte, todo sea dicho.
No es tu conocimiento lo que te ha catapultado a ser un profesional de la extraña tarea de unir palabras unas con otras, sino tu sabiduría, la inteligencia de saber el sitio, la hora y con quién estar, de aplicar ese conocimiento a la práctica; de prudencia, paciencia y perseverancia (como decía Aznar), necesarias en la vida para triunfar, y como creo que decía Confucio, (digo yo que sería él, seguro que ya me estoy colando yo de sabiondo, jeje): El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él.
Con mi más sentida admiración!
Un abrazo,