La mágica incertidumbre



        Podría decir que me da igual porque mi trabajo ya está hecho y que lo que suceda a partir de ahora sobre todo es asunto de la red comercial de la editorial y de los libreros. Pero mentiría. Es verdad que cuando tu libro empieza a rodar no puedes hacer mucho más que cruzar los dedos y esperar que los lectores disfruten con él y acaso cierta benevolencia en las críticas, pero, cuando llega el momento de publicar una nueva novela, aunque no quieras terminas asomándote a tu parte más vulnerable, y te das cuenta de que aunque ya hayas publicado más de una docena de libros la experiencia no sirve de mucho. Siempre es como empezar. Siempre es como la primera vez. La ilusión y la incertidumbre a partes iguales. La curiosidad por saber lo que pasará y el miedo a que los lectores se hayan olvidado de ti o no les interese la novela en la que te has dejado las pestañas durante los últimos dos años. Hace mucho tiempo vi una entrevista a un famoso director de cine norteamericano en la que decía que hacer películas era una experiencia frustrante en muchas ocasiones porque las escenas casi nunca salen como las planeas. Otro director de cine español también dijo que cuando empezaba a rodar una película siempre era como la primera vez. Una vocecilla le martilleaba la cabeza diciéndole: “No sabes hacerlo. No tienes ni idea”. Al escribir sucede exactamente lo mismo: por muchos planes que hagas jamás puedes estar seguro de lo que va a salir, y siempre que te sientas a escribir la primera frase es como si nunca antes hubieras escrito nada. Seguro que ellos también cruzan los dedos el día del estreno, aunque no los vea nadie. Aunque digan que no les importa lo que suceda. Yo no voy a mentiros. Queda exactamente un mes y un día para que El silencio de tu nombre (Plaza & Janés) esté en las mesas de novedades de las librerías. Estoy contento pero también siento una enorme responsabilidad sobre mis hombros. En cada novela te juegas no sólo tu trabajo de monje medieval durante años, sino también el futuro. Pero, qué raro parece esto que voy a decir: quizá esta mágica incertidumbre es una de las cosas más hermosas del oficio.

© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012 





Comentarios

  1. Supongo que esto es como las mariposas del estómago de las que hablan los actores de teatro cada vez que salen a escena, pero qué seria de la vida sin estos momentos de magia, te deseo mucha m... como se les dice a ellos, y deseando ya compartir este silencio. Saludos

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  2. Hola como vas,bueno mi impresión es que tienes bastantes lectores esperando por ella ,y seguro que no defraudará porque cuando lees libros y te gustan sueles apuntar los autores para segur sus obras, (al menos es lo que hago yo) y por eso el silencio de tú nombre vendrá a casa .Buenas noches (no me dio tiempo a comentar en el anterior )

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  3. Como bien dices, tu trabajo ya está hecho ( al menos en lo fundamental y seguro que de forma impecable) y aunque sobre lo ya hecho no podamos influir, sería inhumano no precuparse por la repercusión del mismo. Supongo que vivir estos momentos forman parte inevitable y por momentos deseada de quien dedica su vida a escribir. Irá bien, seguro

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  4. Gracias por vuestros comentarios. De la incertidumbre también se puede disfrutar. Doy fe. Porque lo importante es el camino, no la meta. Es un tópico, pero también es verdad.
    Abrazos,

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