La sencillez luminosa



Siento una gran admiración por la gente que, siendo tan buena en alguna cosa, en lugar de afirmarse continuamente fanfarroneando como un pavo real delante de los demás, cuando alguien le pide que demuestre su habilidades en público amaga una sonrisa tímida, casi forzada, y niega amablemente. Igual que desprecio las conversaciones zafias entre amigos que cuentan o se inventan sus aventuras sexuales y miro para otro lado o pienso en otra cosa mientras finjo prestar atención, me rindo ante la muestra de apabullante sencillez de muchas personas notables. Ayer contaba un periodista en un programa de radio que una vez, yendo de camino a una entrevista con la ex presidente nicaragüense Violeta Chamorro, se le descosió un botón del pantalón, y cuando la mujer poderosa a la que estaba entrevistando se percató de su incomodidad y le preguntó el motivo, sucedió lo que jamás habría imaginado: ella misma se ofreció a coserle el botón mientras él esperaba en una habitación contigua en calzoncillos. Así debería ser la política, le dijo Violeta Chamorro después de arreglarle el pantalón: soluciones prácticas para los problemas.
Recuerdo con cariño que, hace muchos años, un director de cine muy conocido, septuagenario, desayunaba conmigo en un hotel y se levantó de la mesa para ofrecerme un café. Se trata de un gesto insignificante, sí. Pero no tanto. Es una regla que no siempre se cumple, pero llama mucho la atención cuando la gente que nos parece más importante es la que primera se arremanga la camisa para fregar los platos. En la vida, como alguien me dijo cuando todavía era un adolescente, el que no sirve para barrendero no sirve para nada. Quizá no es mala opción ser una persona sencilla. O al menos intentarlo. Por mucho que cueste creerlo entre tanto fanfarrón y tanto cantamañanas, estoy convencido de que es el primer paso para llegar lejos.










© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012


Comentarios

  1. Ese café te lo ofrecieron en Segorbe??
    recuerdo tu cara contándomelo como si yo hubiera estado allí.
    Un abrazo

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