Horacio Vázquez-Rial


                  
He de confesar, no sin cierta vergüenza, que nunca leí un libro suyo. Pero me acabo de enterar de que ha fallecido Horacio Vázquez-Rial y se me ha torcido el gesto, porque me caía bien y porque teníamos unos cuantos amigos comunes que sé que lo apreciaban sinceramente. Yo lo conocí hace ocho años, en una fiesta literaria de Barcelona. Me lo presentó mi agente, Antonia Kerrigan, y Horacio Vázquez-Rial fue mucho más amable y simpático conmigo de lo que suelen serlo los autores consagrados con los escritores desconocidos. Meses después tuvo la generosidad de presentarme en Barcelona La clave Pinner, y pasé con él un día estupendo, con muchas risas, desde la hora de comer hasta después de la presentación, en la que me contó unas cuantas cosas provechosas sobre lo que me esperaba si seguía empeñado en vivir de los libros. Perdí el contacto con él, pero me lo encontré una tarde, hace tres años, en una mesa del Café Gijón, y otra vez pasamos un rato estupendo. Con Vázquez-Rial nunca te aburrías.
Siempre que pienso en Horacio Vázquez-Rial me acuerdo de una conversación que tuvimos en Barcelona, hace ocho años, un rato que nos quedamos los dos solos, antes de la presentación de mi novela. Chico, me dijo, muy serio, con ese deje suyo argentino. Tenés que plantearte venir a vivir a Barcelona. ¿Por qué?, le pregunté. ¿Por motivos profesionales? ¿Porque en Barcelona viven muchos escritores y están casi todas las editoriales y agentes? Sacudió la cabeza, sin dudarlo. No, no. Debés hacerlo por ese acento que tenés. A las mujeres catalanas les encanta.
Nunca seguí su consejo y no sé si llevaba razón o no, pero cada vez que pienso en Horacio Vázquez-Rial recuerdo aquella conversación y no puedo evitar sonreír.
Llevaba toda la mañana queriendo escribir una entrada nueva en el blog. Qué pena que haya tenido que ser por esto.



© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012

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