El Andrés cuentista
Hace
unas pocas semanas, cuando Alejandro Luque me hacía una entrevista sobre El silencio de tu nombre para El Correo
de Andalucía, me preguntaba por el Andrés cuentista. ¿Qué ha pasado con él?
¿Ha desaparecido? ¿Volverá? Era un asunto interesante. Sigue ahí, le respondí,
a pesar de que el mercado y la mayoría de mis lectores demanden novelas. Y la
verdad es que tengo mucho material inédito o he recuperado los derechos después
de la desastrosa edición y nula distribución que la editorial Paréntesis hizo
de mi colección de relatos El centro de la Tierra, que llegó a ser finalista del Premio Setenil en 2009. La verdad
es que a menudo me he planteado esa misma pregunta que me hizo Alejandro Luque,
y quiero creer que el Andrés cuentista sigue ahí, y que algún día volverá a
enfrentarse a la distancia corta, tan difícil y tan estimulante. Hoy me
acordaba de esto otra vez porque le he dado un repaso a un cuento que me ha
pedido Pedro Ugarte para trabajarlo con sus alumnos del taller de escritura. La
novela, nos guste o no, puede con todo. Y tantos años escribiendo relatos
cortos se difuminan, incluso se borran, cuando publicas una novela de dimensiones
considerables. Lo sé porque yo he publicado varias novelas así, y estoy muy
orgulloso de ellas y contentísimo de que gocen del favor de los lectores. Pero no
puedo evitar un punto de orgullo cuando alguien me recuerda como escritor de narrativa
breve.
Porque sigo siendo cuentista, claro
que sí. Y ojalá que eso se pueda apreciar en mis novelas.
©
Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2012


Comentarios
Amparo.
Amparo, lo sé. Yo también te adoro a ti.
Rosa Mary, es muy complicado encontrar Los mejores años. Ojalá se reedite. Me gusta mucho esa novela corta.
Abrazos para todos,