Mad men: vuelve el hombre... y las mujeres también
Tengo Canal + y no habré de
esperar mucho, supongo, para ver la quinta temporada de Mad men que se
estrenó el domingo pasado en Estados Unidos. Ya hablé de esta serie en el blog hace casi un par de años. Fue todo un descubrimiento. De lo mejor y más
inteligente que recuerdo haber visto en la tele. La guinda del pastel, esto es,
el mejor episodio de una serie formidable, para mí es el séptimo capítulo de la
cuarta temporada, si la memoria no me falla. The suitcase se titula.
Corred a verlo si aún no lo habéis hecho. Una obra maestra dentro de una obra
maestra.
Leo en el periódico una
entrevista con Jon Hamm, el actor que encarna a Don Draper, y dice que no
entiende cómo su personaje encandila a tanta gente. Aparte del misterio y de la
seguridad en sí mismo con que afronta su trabajo y la vida (si es que para él
existe alguna diferencia), yo creo que, por supuesto salvando las distancias,
con Don Draper sucede lo mismo que hace años decían algunos críticos para
explicar el éxito arrollador de Kevin Costner (no olvidemos Los intocables,
No hay salida, Bailando con lobos...): gusta a las mujeres y no
molesta a los hombres. Puede ser.
Pero si los hombres de Mad
Men son interesantes (no sólo Don Draper, sino Roger Sterling o incluso el
viejo Cooper que siempre va descalzo), no menos fascinantes son las mujeres: la
ambiciosa y competente Peggy, la bellísima y fría Betty, que me parecía la más
elegante y la más hermosa durante los primeros episodios hasta que caí en las
redes (metafóricamente hablando: ya me hubiera gustado a mí que fuera
literalmente) de Joan, la jefa de secretarias.
Permitidme el autoplagio, pero
ya lo escribí en agosto de 2010, y por mucho que me estrujo la cabeza no soy
capaz de encontrar una manera mejor de contarlo: “Veo en escena a Joan Holloway, la jefa de secretarias, y es como si en
la pantalla apareciese Sofía Loren.
La miro caminar por la oficina, con esos andares
calculados de quien se sabe culpable de la tortícolis de los hombres que trabajan
en la agencia de publicidad Sterling & Cooper y también me dan ganas de
girar la cabeza, para no perderme nada, igual que hace Roger Sterling, aunque
haya sufrido un infarto. Esa es una de las cosas más maravillosas de la
ficción: que consiga que lo que vemos en la pantalla o leemos en las páginas de
un libro parezca real, que te haga sentir que es posible, que tengas que reconocer
que te gustaría estar ahí”
Pues eso. Que ha vuelto Mad
men. Ya era hora.
© Andrés Pérez Domínguez,
marzo de 2012
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Abrazos,