Semana Santa
A pesar de haberme criado en
el sur de España nunca he sido nazareno o costalero ni he participado de las
celebraciones de la Semana Santa, pero habría que ser demasiado torpe o
estúpido para no reconocer al menos el placer estético de las procesiones. Por
eso, aunque no lo comparto, entiendo, o procuro entender, a quien las siente (y
conozco a mucha gente que las siente de verdad). A poco fervor religioso y
alguna sensibilidad que se tenga, creo que nadie podrá negar que una procesión
de Semana Santa, además de por las mujeres guapas engalanadas y el olor a incienso, puede ser un espectáculo bellísimo.
Hace poco paseaba por el
centro de Sevilla con un amigo de fuera y nos topamos con un grupo de
costaleros que ensayaba para la Semana Santa. Soy todo lo contrario a un
entendido en la materia, pero procuré explicarle que la devoción por una Virgen
puede deberse muchas veces a motivos culturales antes que religiosos. Es decir,
se puede ser de la Virgen o del Cristo de tu barrio y no de la del barrio
vecino. Sé que es difícil de entender. Pero es así.
Los agentes soviéticos del Kommintern
que visitaban Sevilla en los primeros años treinta del siglo pasado no podían
entender que en una misma taberna compartieran pared un cartel del Cristo del
Cachorro junto a otro del Socorro Rojo que azuzaba a los obreros a levantarse
en armas. Quizá por eso en estas tierras, contra todo pronóstico, nunca triunfó
la revolución bolchevique.
En fin. A mí la Semana Santa
ni me va ni me viene. Ni me molesta ni soy devoto, y lo que más me gusta de
estos días son las torrijas (un par de torrijas al día y ración doble de
ejercicio...). Pero no puedo evitar sentir pena porque desde ayer no deja de
llover en Sevilla y parece que durante los próximos días el tiempo seguirá
inestable. Una faena. Sobre todo teniendo en cuenta que hace pocas semanas a
ciertas horas del día parecía que estábamos en verano. Y aunque yo no pueda
salir a montar en bici por el campo estos días o escaparme a la playa será peor
para muchos amigos que miran estos días el cielo con la esperanza de que este
año puedan salir en procesión.
Ojalá que tengan suerte.
© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2012


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Un abrazo,