La línea de salida
Gregorio es un amigo al que saco veinte años. Lo conocí
cuando, siendo todavía un adolescente, se pedaleaba Sevilla de punta a punta,
de noche -aún no había carril bici-, para ir a entrenar. Me recordaba a
mí cuando tenía su edad: yo era capaz de privarme de unos días de playa en verano
para no perderme una clase de karate. Y también porque le gustaba el cine y
había leído alguna novela mía. Pero sobre todo me caía bien porque, a pesar de
tantas bromas que soportaba de los veteranos en la escuela de karate, nunca le
vi perder la sonrisa ni las formas. Y para eso hay que ser muy inteligente.
Gregorio es uno de esos chavales que después de dejarse las pestañas estudiando
ha tenido el coraje de irse al extranjero a buscarse la vida. Creo que lleva ya
tres años en Inglaterra. No me extraña que le vayan bien las cosas. Y yo que me
alegro. Casi siempre a los buenos corredores se les reconoce en la línea de
salida, y cuando hace unos años Gregorio me dijo que hacía las maletas y se
marchaba yo estaba seguro de que aprendería muy pronto a desenvolverse ahí fuera y no se rendiría. Este verano escribió una carta al Semanal
de ABC y se la publicaron. Echadle un
vistazo. Merece la pena.
“Son las 6 de la mañana de
un lunes de julio. Tras la ventana la lluvia y el viento es la imagen que
reina, no siendo pues el verano al que estaba acostumbrado. Soy uno de tantos
jóvenes españoles que se han visto abocados a abandonar su país en busca de un
futuro profesional. Y eso que pertenezco a la rama sanitaria en la que me
contaron que abundaban los puestos de trabajo. Generación mochilera y
ambiciones de viajar, tener tras el paso de los años una historia que contar.
Eso motivó en parte mi marcha ayudado por la imposibilidad de desarrollar los
conocimientos adquiridos en tantos años de estudio. Pero en la mente una
pregunta: ¿Podré volver a trabajar a mi patria? Deprime oír las noticias,
hablar con los amigos y familia viendo que la situación no hace sino empeorar.
No me califiquen de oportunista, pues desde mi afortunada posición creerán que
es fácil exigir a los ciudadanos mayor movimiento. Me duele ver que esto va
para largo mientras otros disfrutan de un placentero verano, donde esa
maldita crisis se ahoga entre playas y piscinas. Como decía, la lluvia sigue cayendo
y yo tengo que ir a trabajar.
Gregorio García Gómez
Portsmouth, Hampshire,
Reino Unido”
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012

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Un abrazo,