Los libros de mis amigos
Apenas faltan un par de semanas para que El silencio de tu nombre empiece a
distribuirse por las librerías de toda España y uno se encuentra felizmente
atareado contestando llamadas, escribiendo frenéticamente correos electrónicos
o escuchando con atención las indicaciones del departamento de prensa de tu editorial.
A veces pienso que el trabajo del escritor consiste en estar encerrado durante
un par de años viviendo con gente que sólo existe en tu imaginación y luego asomar
la cabeza, ponerte al servicio de la editorial para que te lleve de viaje y le
cuentes a todos los periodistas que puedas hasta dónde has querido llegar esta
vez, si has intentado el más difícil todavía o te has acomodado. Uno cree, y
por fortuna casi siempre está equivocado, que cuando publicas una nueva novela
muy probablemente a la prensa no le interesará tu trabajo o acaso le interesará
pero menos que el de otros escritores; que los lectores ya se habrán olvidado
de ti o a lo mejor sus gustos habrán cambiado. Pero, ya digo, qué bueno es algunas
veces estar equivocado.
La promoción de El silencio de tu nombre arrancará el próximo día cuatro de octubre en Barcelona, pero,
antes de que empiece esta locura, Plaza & Janés me ha mandado unos cuantos ejemplares
y ayer los empaqueté después de dedicárselos a varios amigos. Por diversas
razones hay una veintena de personas muy queridas a las que nunca consentiré que
compren un libro mío. Es una vieja costumbre que tengo con gente que ha estado a
mi lado desde el principio o ha compartido conmigo momentos irrepetibles. Ellos
lo saben. Y algunos se asoman de vez en cuando por esta bitácora. Mandar esos libros
recién salidos de la imprenta es una de las cosas de mi trabajo que más me satisfacen.
Ojalá pudiera hacer lo mismo con todos mis lectores. Pero es
imposible.
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012


Comentarios
Saludos.
Un abrazo,