Un país de mentirosos
Yo no pienso que Olvido Hormigos sea una guarra o una zorra,
como algunos de sus vecinos le han gritado hoy al acudir a un pleno en
el ayuntamiento de Los Yébenes. Tampoco estoy seguro de que la protagonista del
vídeo más visto ayer en Internet (y lo que queda) sea una mujer ingenua. Sí
creo que es un poco inconsciente. No hay una tertulia radiofónica o televisiva
donde esta mañana no hayan debatido sobre la concejal toledana. Y entre quitar
la radio y apagar la tele (en los foros de la Red prefiero ni entrar) se ha
producido un silencio tan provechoso, como diría don Manuel Azaña, que me ha
hecho reflexionar. En un país con millones de personas sentadas cada día durante horas
delante de los programas de la tele donde los invitados se gritan y se insultan
mientras hablan de la vida privada de los demás, la verdad, no sé de qué nos
sorprendemos al ver a la gente vociferando en el ayuntamiento de Los Yébenes.
Lo que ha sucedido en este pueblo no es ni más ni menos una muestra de lo que
es España: un montón de gente aburrida cotilleando en secreto sobre otra gente
a la que da los buenos días amablemente cuando se la encuentra por la calle.
Viendo las tertulias de hoy en la tele podría decir, sin equivocarme, que el
nuestro es un país de demagogos. Pero me quedaría corto: España sobre todo es
un país de embusteros. Me parece que poca gente dice la verdad cuando habla de Olvido Hormigos. No me creo a la mayoría de los que dicen no
haber visto el vídeo. Yo sí lo he visto, y reconozco sin vergüenza que ver a la
concejal tocándose en su casa a plena luz del día es una de las mejores formas
que se me ocurren de espantar la tristeza. Tampoco me parecen del todo sinceros
quienes afirman que lo que ha hecho Olvido Hormigos pertenece sólo a su ámbito
privado. Más bien creo que casi todos se expresan de una forma delante de una
cámara o un micrófono y de otra muy distinta cuando se toman un café con los
amigos. Nada extraño, por cierto. En fin, que nadie dice la verdad, presumo, o
al menos toda la verdad. Desde quien insulta a Olvido Hormigos en el
ayuntamiento con los ojos irritados de acercarlos a escondidas a la pantalla
del ordenador para ver los tocamientos y jadeos de su vecina, hasta la protagonista
del asunto, a la que por supuesto no niego el derecho a masturbarse cada vez que
le venga en gana para su propio disfrute o el de quien a ella le parezca, bien sea
su marido, un futbolista o el planeta entero. Pero sospecho que, por alguna
razón que a lo mejor sabremos pronto, todo el revuelo que se ha montado no es sino
el resultado de haber tomado la decisión de huir hacia delante.
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2012

Comentarios
Que esta tía es una ZORRA, es incuestionable. Se esta follando a un compañero del ayuntamiento, mas joven que ella, tiene marido, tiene hijos, y se hace un vídeo haciéndose un dedo, para mandárselo a su amante. Joderrrrrr.
Que es idiota, es incuestionable. Se hace el vídeo, y se lo manda a su amante, pero por Dios señora, ¿pero en serio creía que había amor entre ellos?, para el es solo un chocho mas, y si no presumes de ello, ¿de que sirve estarte follando a una concejal CASADA?, pues de poco, por que no se disfruta igual.
Que si todo esto lo hace, y solo (que no es poco) es un ama de casa, pues el tema no pasa de que sea una guarrilla, pero cuando eres un REPRESENTANTE DEL PUEBLO, ahí entra el GRAVE conflicto.
Uno NO PUEDE hacer estas cosas, por que estando de acuerdo en que no es un crimen, no tengo la menor duda, de que no es correcto ni moral, que es una falta de respeto a su marido, a sus hijos (que ya serán foco de las burlas, por que mas de un compañero, se la habrá pelado con el vídeo de la madre), y por descontado y con mas motivo, ES UNA FALTA DE RESPETO A LOS CIUDADANOS, por que la mujer del Cesar no vasta con que sea honrada,si no que también tiene que parecerlo , y esta señora ni lo es, ni lo parece. Asi que bajo mi opinión, no debería permanecer ni un minuto mas sentada en su sillon, por que no es digna de ello, bueno y por descontado el 99% de los que hoy ocupan uno, (aqui soy generoso).
Un saludo, y a ver si abrimos los ojos de una puñetera vez.