El cine y las prisas



No pude ver la gala de los Goya el domingo. Me llamaron por teléfono y tuve que salir pitando camino del hospital. Nada grave, sólo el susto, menos mal. Pero de madrugada, cuando conducía de vuelta a casa preguntándome si sería verdad ese bulo que había corrido por las redes sociales sobre un huracán de contundencia tropical que a esa misma hora debería sacudir el mismo cielo que estaba encima de la autovía —el coche se movía un poco por el viento, pero tampoco era para tanto—, me acordé de la ceremonia y me preguntaba quién habría ganado. Tengo una tarifa de datos pero no uso Internet en el móvil porque odio estar pendiente de la pantalla (en el hospital me chocaba y me parecía una falta de respeto que la enfermera empujase la silla de ruedas de un familiar con una mano mientras con la otra tecleaba en su Blackberry), así que de las noticias prefiero enterarme por la radio, viendo el telediario, leyendo el periódico, como toda la vida, aunque ahora parezca anticuado, o como mucho cuando estoy delante de la pantalla de mi ordenador. Me alegró enterarme de que la ganadora había sido la película de David Trueba, y me remordió la conciencia, una vez más, por no haberme dado prisa para ir al cine cuando la estrenaron. Si no se trata de una superproducción, las películas cada vez duran menos en los salas. Y aunque sean superproducciones, también hay que darse prisa. Al final me queda la sensación de que las puñeteras prisas acabarán con todo, y el cine, como la literatura, necesita tiempo para ser visto, entendido, disfrutado y recomendado antes de que las películas desaparezcan de la cartelera. Hace doce o trece años me quejaba con amargura, en una columna fija que tenía en un periódico, porque había visto una película española fantástica, En la ciudad sin límites, y en la sala sólo estábamos tres o cuatro espectadores. Quizá ya nadie se acuerde de esa película, y ese cine de Sevilla hace muchos años que cerró para siempre, creo que poco después de haber entrado yo a ver la película de Antonio Hernández.

El cine español, muchas veces, demasiadas, es el muñeco de feria al que tiran pelotas quienes quieren hacerse el gracioso, aunque no tengan idea de lo que hablan, aunque sean ministros y sepan mucho de números. En España se hacen películas buenas, regulares y malas, como en todos sitios, pero resulta mucho más difícil que la gente vaya a verlas. Quizá la solución sea ésa, qué le vamos a hacer, que nos demos prisa para ir al cine, todos corriendo, antes de que desaparezcan para siempre.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2014






Comentarios

  1. Hola que tal vas , lo primero espero que tú familiar este bien, no la he visto y eso que estuvo bastante tiempo aquí , me parecía aburrida para verla ,donde yo voy se suele hacer quinielas de los Goya ,y al ganar la volverán a poner ,no se si ya viste alguna de las nominadas ,me gusto 15 años y un día ,si la ves ya me dirás .Buenas tardes

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    1. He visto hace poco 15 años y un dia y me gustó mucho. Un abrazo,

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