Obsesión
Inquieta saber que la mujer que
asaltó el otro día navaja en mano a la esposa y a la hija del periodista
deportivo Paco González era una fan obsesionada con él desde hace unos pocos
años. Por poca repercusión pública que tenga tu profesión no es raro que de vez
en cuando alguien sufra un cortocircuito en el cerebro y se confunda. Por eso inquieta,
digo. Inquieta pensar que alguien pueda verte en la tele o escucharte en la radio
o leer una entrevista que te han hecho en un periódico y a lo mejor también lee
tus libros y se fabrique una imagen de ti que siempre es falsa porque en realidad
no te conoce de nada. Inquieta que luego vaya a buscarte sin que aún sepas de
su obsesión, que se acerque en una firma de libros o cuando se cruce contigo
por la calle y a lo mejor ese enamoramiento pueril se transforma en odio,
enseguida o poco a poco, porque no le has sonreído como esperaba o no ha
entendido que no acostumbras a dar tu teléfono o tu dirección a un desconocido,
por muchos libros tuyos que haya leído o que diga haber leído. Inquieta pensar
que ve tus fotos en las redes sociales, como un espía silencioso o un personaje
trágico de las películas de intriga cuya cara siempre permanece oculta para el
espectador aunque vea lo mismo que él mientras fuma un cigarrillo o toma una
copa o apoya la barbilla distraídamente en la palma de la mano. Inquieta imaginar
que se enfada porque no contestas a sus mensajes, porque para esa persona es
muy importante que la consideres especial y como no le haces caso en una parte
oscura de su cerebro se alimenta una obsesión por ti que no mereces y que jamás
has deseado.
© Andrés Pérez Domínguez, febrero
de 2014

Comentarios