Obsesión

Inquieta saber que la mujer que asaltó el otro día navaja en mano a la esposa y a la hija del periodista deportivo Paco González era una fan obsesionada con él desde hace unos pocos años. Por poca repercusión pública que tenga tu profesión no es raro que de vez en cuando alguien sufra un cortocircuito en el cerebro y se confunda. Por eso inquieta, digo. Inquieta pensar que alguien pueda verte en la tele o escucharte en la radio o leer una entrevista que te han hecho en un periódico y a lo mejor también lee tus libros y se fabrique una imagen de ti que siempre es falsa porque en realidad no te conoce de nada. Inquieta que luego vaya a buscarte sin que aún sepas de su obsesión, que se acerque en una firma de libros o cuando se cruce contigo por la calle y a lo mejor ese enamoramiento pueril se transforma en odio, enseguida o poco a poco, porque no le has sonreído como esperaba o no ha entendido que no acostumbras a dar tu teléfono o tu dirección a un desconocido, por muchos libros tuyos que haya leído o que diga haber leído. Inquieta pensar que ve tus fotos en las redes sociales, como un espía silencioso o un personaje trágico de las películas de intriga cuya cara siempre permanece oculta para el espectador aunque vea lo mismo que él mientras fuma un cigarrillo o toma una copa o apoya la barbilla distraídamente en la palma de la mano. Inquieta imaginar que se enfada porque no contestas a sus mensajes, porque para esa persona es muy importante que la consideres especial y como no le haces caso en una parte oscura de su cerebro se alimenta una obsesión por ti que no mereces y que jamás has deseado.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2014



Comentarios

  1. Las personas conocidas por una u otra razón corréis ese riesgo. Es una pena, porque eso os lleva también a distanciaros de una mayoría que tiene los pies en la tierra y, al menos, le queda una neurona sana. Esta chica tiene una mirada que "acongoja", la verdad. Saludos, Andrés.

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    1. La inmensa mayoría de la gente que te sigue, o te conoce, o te lee, M. Jiménez, tiene los pies en la tierra, como bien dices. Por desgracia aquí han de pagar justos por pecadores. Te aseguro que no resulta nada tranquilizador recibir mensajes o que a veces alguien se tome una confianza contigo que nunca has pretendido dar. Una vez que esto sucede, lo único que te queda es situarte a una amable distancia de todos. Un abrazo,

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    2. Andrés, te comprendo perfectamente. He ejercido de profesora en varios IES, y, aunque el entorno era reducido, tenías tu auditorio que se ampliaba al resto del alumnado. A veces, te encontrabas con cada marrón inesperado y no buscado...Y eso que los alumnos eran conscientes de que determinadas actuaciones podrían tener consecuencias...Entiendo que tengáis que ser precavidos, porque, desgraciadamente, los manicomios están vacíos. Saludos

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