Un libro que te hace suyo

Sigo trayendo al blog reseñas que tenía pendientes de colgar. Hoy dejo esta de El factor Einstein. El autor de la reseña da las gracias al autor del libro por haberlo escrito, pero debería ser al revés: es el escritor el que debe estar siempre agradecido porque un lector disfrute así de tu trabajo. Más aún cuando ya hace seis años que esta novela se publicó. Ahora vuelve a estar viva en su nueva edición en bolsillo. Esta reseña fue publicada hace poco en el blog Muchalectura.com
EL FACTOR EINSTEIN
Siempre, y en esta afirmación puedo asegurar que estoy siendo totalmente sincero, he pensado que las novelas de éste género – y lo digo por experiencia lectora – llevan al lector a un estado de amarga ansiedad por descubrir el desenlace de la historia, el final de la trama, y, permitidme el carácter tópico de la cita, saber si en verdad es el mayordomo el asesino. Y cuál ha sido mi sorpresa mientras leía El Factor Einstein, cuando de pronto, levanto la vista hacia la pared que tenía enfrente de mí medio en penumbras, y me doy cuenta que estaba – casi – disfrutando de una tranquilidad lectora mientras dilucidaba sobre el posible final que me esperaba en las últimas páginas. El Factor Einstein, de Andrés Pérez Domínguez (Ed.Debolsillo) me ha convencido de que lo que importa no es el género, ni el autor del libro que tienes en las manos, sino la manera en la que ese libro te está haciendo suyo.
Poco antes de la II Guerra Mundial, los científicos más importantes del mundo, con Albert Einstein a la cabeza, están decididos a fabricar la primera bomba atómica y así adelantarse a los planes de Alemania. Frida von Kleinsberg (bajo el pseudónimo de Frida Klein) es una joven alemana licenciada en física que trabaja como espía a las órdenes del servicio secreto nazi. Su misión es viajar a Nueva York, e infiltrarse en esa comunidad científica para sabotear su cometido. Lo que para Frida pueda ser su misión más importante desde que entró a formar parte de la Abwehr, será un entramado de problemas que deberá solventar de la forma más precisa en la que sea capaz. Contará con el apoyo de un antiguo profesor español exiliado en Nueva York, al que conoció durante su estancia en Madrid años atrás, y se aprovechará del amor que, de manera íntima y secreta, el docente siente por ella. Pero a veces, el dicho “la vida no es un camino de rosas” debe tomarse en serio.
No debemos tomarnos este argumento a la ligera porque, como anteriormente he dicho, hay que tener en cuenta cómo el libro te hace suyo. Y aquí entra en escena la bifurcación argumental de la que Pérez Domínguez hace uso desde un principio y que con ella consigue alertar al lector de que la historia no es lo que parece. Por una parte tenemos la desesperación de un científico, ensimismado en sus propias cábalas, por conseguir la atención de los gobiernos de las potencias mundiales que pueden hacer frente a una Alemania nazi creciente y que tomen en serio sus preocupaciones físicas por el problema atómico. Y paralelamente, la evolución del argumento principal con sus protagonistas, sus traiciones, sus mentiras, y sus acciones. El lector sabe que ambas directrices van a encontrarse en un punto, casi seguramente en el desenlace de la historia, pero el autor canaliza la importancia de ambas, calibrando la intensidad que debe dar a cada una de ellas en cada momento para que la tensión no disminuya.
Pero lo más desconcertante, desde mi propia lectura, es que esa tensión – y parecerá contradictorio – se soporta con una tranquilidad pasmosa. De narración densa, Pérez Domínguez no desea dejar nada en el tintero. Con un vocabulario sencillo, los extensos párrafos profundizarán en las ideas, aclarando cada punto de la intriga y alimentando la llama del misterio con una ráfaga de adelantos sintetizados cuando el lector menos se lo espere, vaciando el cargador de la necesidad de llegar más allá del momento, y que se acrecentará con los escasos diálogos, pero tajantes, claros, concisos, necesarios para querer más. Cinco son los sentidos que utilizas para leer El Factor Einstein, no sólo por necesidad de no perder, sino de abarcar cualquier descripción, adentrándote en los momentos más profundos de cualquiera de los saltos temporales que, con toda elegancia, frescura, e intriga, te hacen disfrutar de la amarga ansia de presenciar cualquier acto venidero.
Dos argumentaciones paralelas que, no hasta mitad de la narración, se vuelven a bifurcar y hacen que el lector descubra el verdadero esquema de la historia. El factor sopresa, y no es un recurso fácil por mi parte utilizar el término, aparece de nuevo, descolocando por completo toda impresión ubicada en la mente del lector, y que en este caso el autor es especialista. La verdad hace frente al odio, a la traición, al amor – aunque encubierto -, una verdad que hace que la protagonista se tambalee llevando consigo al lector, a un vaivén de emociones, de sentimientos, con los que Pérez Domínguez juega con placer, porque sabe perfectamente que quien los ha descubierto, no va a tener más salida que seguir el camino, porque sabe que ya no es la verdad propia de Frida von Kleinsberg, sino la verdad de cada uno de sus seguidores.
Y qué decir del juego rítmico final, nunca esperado. El autor se ha guardado ese as en la manga para crear el mayor grado de indecisión en ese juego de predicción de futuro al que juegan todos los lectores del género cuando llegan al final de una novela. En ningún momento abandona el lenguaje claro, pero hace duraderos los diálogos, sin bajar la guardia, igual de tajantes, igual de concisos, desviando todas las atenciones en todas las direcciones posibles, dejando intuir el final, pero haciendo dudar al lector, que ha abandonado la tranquilidad pasmosa para entregarse a los brazos de la desesperada búsqueda del desenlace.
Una riqueza absoluta de conocimientos, una facilidad de entendimiento, sin bajar el grado de tensión que se espera de una novela de este género. Pérez Domínguez juega con una ventaja: sabe utilizar todos los elementos, y sabe reunirlos en una misma historia. Y lo más importante: sabe hacer que su obra te haga suya.
Descubrí El Factor Einstein de pura casualidad, a causa de un período no muy alegre en mi vida. Después de leerlo, me gustaría dar las gracias al autor por entrar a formar parte de mi biblioteca personal.
Mucha Lectura Punto Com

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