El glamour de ser actor. Tour de El silencio de tu nombre III



El despertador debe estallar a las siete, pero al menos un cuarto de hora antes ya tengo los ojos abiertos. La noche anterior estaba alojado en una segunda planta, pero por la mañana me han subido las maletas a la quinta para darme una habitación menos ruidosa. A pesar de la buena voluntad del recepcionista apenas he notado diferencia. No es culpa de nadie. Ni siquiera mía. No soy de esas personas que duermen a pierna suelta en cualquier sitio. Necesito estar muy apartado de los ruidos y unas cuantas cosas más. He quedado con Irene muy temprano porque va a venir un taxi para llevarnos a los estudios de RNE en Barcelona, pero antes de que llegue me ha dado tiempo de recoger todas mis cosas y escribir la última entrada en el blog. Anoche fue imposible.
Rosa Gil es otra de esas raras periodistas que tiene la buena costumbre de leerse el libro antes de entrevistar al autor, y pasamos más de veinte minutos estupendos hablando de muchas cosas con el piloto rojo del estudio encendido. Me pregunta si no echo de menos la radio. Claro que sí, le digo. No te imaginas cuánto. Luego nos vamos a la Barceloneta. Para las televisiones resulta interesante que un momento importante de El silencio de tu nombre suceda precisamente en la playa de este barrio tan pintoresco de Barcelona. Rosana, de Barcelona TV, viene cargada con la cámara, el trípode y los micrófonos. Hace un día espléndido y hay gente bañándose y tomando el sol. Nos acercamos a la orilla, buscamos un sitio para sentarnos y me graba una entrevista mientras Irene nos hace algunas fotos. Los bañistas a lo suyo. Hay varias mujeres leyendo mientras toman el sol en topless. Las miro de reojo con la secreta esperanza de que alguno de esos libros sea El silencio de tu nombre...
La entrevista en la orilla la he hecho en mangas de camisa, procurando no cerrar los ojos por culpa del sol. Para la siguiente, el programa Miradas, de La 2, junto al mercado, a pesar del calor me pongo la chaqueta y me siento al lado de unos jubilados que siguen a lo suyo mientras la camara me enfoca. Luego tengo que hacer de actor durante un rato, pasearme por la Barceloneta con el libro en la mano mientras una cámara me sigue y la gente me mira preguntándose si debería sonarle mi cara; voy y vengo de un lado a otro, me siento frente a la orilla y hago como que leo, paso páginas de la novela, de vez en cuando levanto la cabeza para mirar el mar. En realidad, el trabajo de actor no debe de ser muy glamuroso.
Antes de irnos a comer quiero pasarme para saludar a Paco Camarasa, de Negra y Criminal. Entro en la librería preparado para recordarle a uno de los libreros más famosos de España quién soy por si no me reconoce, pero Paco, como siempre, me sorprende y me saluda por mi nombre y viene a darme un abrazo antes de que yo pueda decir nada.
Así que ya he cubierto la primera etapa de la promoción, en Barcelona, una de las plazas más complicadas. Escribo este entrada en el AVE, preguntándome si algunos de mis compañeros de vagón están sordos o no se han enterado de que nada más salir de la estación una voz anónima nos había pedido bajar el volumen de los móviles. Ahora, con el whatsapp puñetero es mucho peor: es imposible que pasen cinco minutos sin escuchar sonidos extravagantes o simplemente molestos cuando llegan los mensajes  Y aunque al cabo de un rato no te faltan ganas de estrangular a quien se le ocurrió este sistema de mensajería instantánea, enseguida resuelves que el creador de este invento endemoniado tampoco tiene la culpa del mal gusto o la falta de respeto hacia los demás de quienes lo usan.


Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2012





Comentarios

  1. Seguro que te lo has pasado en grande, me alegro de toda tu trayectoria por mi tierra.
    LLeva cuidado con ser actor porque a lo mejor te gusta y cambias de profesión y nos dejas a todos tus seguidores con las ganas de leer,aunque tambien estaria bien verte en la gran pantalla.

    Saludos y suerte.

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  2. Gracias, Pakiba, pero de momento creo que mi camino va a seguir por la Literatura...
    Un abrazo,

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