Juan José Téllez o el don de la ubicuidad. Tour de El silencio de tu nombre VII (Málaga)



Entre las muchas leyendas que he escuchado contar sobre Juan José Téllez a sus amigos, la más común es la posesión del raro don de la ubicuidad. Dicen los periodistas que lo conocen bien que es capaz de estar en por lo menos dos sitios al mismo tiempo. Conociendo a Téllez, me creo cualquier cosa, pero hoy me puedo permitir añadir otra leyenda que dará que hablar: cada vez que subas a un tren en Sevilla, enseguida te encontrarás a Juan José Téllez, portátil en mano, y abandonará el vagón al llegar a Córdoba. Hace justo dos semanas me lo encontré, por la tarde, camino de Barcelona. Esta mañana, muy temprano, me lo he vuelto a encontrar camino de Málaga. Bromas aparte (aunque lo anterior iba en serio), sentarte junto a Téllez en un tren garantiza un buen rato de conversación amena, al menos hasta Córdoba donde, como digo, invariablemente se despide con una sonrisa. Hoy se nos va el tiempo enseguida hablando de libros y de los héroes que se jugaron el pellejo cruzando el Atlántico en busca de fortuna hace quinientos años. Con entusiasmo sincero intercambiamos datos, nos reímos y, aunque ninguno lo decimos, al despedirnos nos preguntamos si no volveremos a coincidir la próxima vez que subamos a un tren. Si eso sucede, me haré una foto con él. Palabra.
Por fortuna esta mañana los amigos se empeñan en hacerme compañía. La otra mitad del trayecto hasta Málaga la paso conversando con Antonio Manfredi, otro de los periodistas veteranos de cuya conversación disfruto. Me suele pasar eso con la gente que sabe mucho más que yo de casi todo. 
Llego a Málaga con la duda de si no voy a estar un poco perdido, porque ayer, antes de venir, ya me entrevistaron por teléfono dos periódicos y una radio. Pero en cuanto abro el diario Sur y La Opinión y veo en cada uno una página completa desgranando El silencio de tu nombre sé que todo va a salir bien. María, de Edere, la agencia que representa a Plaza & Janés en Andalucía, se ha convertido en mi ángel de la guarda estos días. Me lleva en un taxi a Canal Sur para grabar un par de programas de radio que pronto colgaré aquí. Tenemos otra entrevista en Onda Cero, pero tengo que hacerla por teléfono porque se nos ha hecho tarde y nos esperan en la tele. A veces, el problema de hacer entrevistas radiofónicas por teléfono es escuchar el eco de propia voz, lo que produce un retardo mínimo pero molesto a la hora de descifrar la siguiente pregunta que te formulan desde el estudio. Aun así lo solventamos dignamente y nos vamos a Onda Azul, la televisión de Málaga, para una entrevista en directo con Carmen Abenza, otra vieja conocida de Canal Sur. Luego, después de comer, tendremos otra en la SER, y el resto de la tarde libre. Estoy en planta desde las cinco, pero ha sido un día provechoso. Y sólo por ver las vistas desde mi hotel, en la habitación que me han dado en la planta catorce, ha merecido la pena venir. Antes de recluirme en el hotel me doy una vuelta por algunas librerías, y disfruto de uno de los mayores placeres de la vida: pasear sin rumbo, sin compromisos ni citas en lo que queda de día. Sólo yo y los asuntos que me bullen en la cabeza. 
Mañana nos espera un día muy apretado en Córdoba. Varios periódicos, algunas radios y una televisión. 
Os lo cuento en cuanto pueda.

Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2012

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